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contenidos

  1. El viaje del fotón

  2. Formación planetaria

  3. De cómo nacen las estrellas

  4. La danza cósmica

  5. Las edades del Universo

  6. El cielo y sus astros

  7. Wenulewfv la palabra que nos sueña

  8. Observar la luz

  9. Un mirador al Universo

  10. Un astrofotógrafo en Santiago de Chile

  11. Misterios del cosmos

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editorial

EL HABLA DE LOS RÍOS
Brillando mientras el dulce aroma
de canelos y laureles
subía hacia los cielos
los Padres de mis Padres miraban
la Cruz de Sur.

Elicura Chihuailaf

Las ciudades de nuestros días nos congregan en diversas formas, habitamos en ellas, recorremos sus grandes avenidas y sus callejones atendiendo nuestros afanes particulares. Muchas de estas ciudades se han levantado por encima de nosotros, con grandes construcciones que dan cuenta de la capacidad de las sociedades de superar nuestra escala, en un despliegue de energía fenomenal, las ciudades avanzan.

La Luz eléctrica es una necesidad primordial para la sociedad contemporánea. Las ciudades con calles iluminadas iluminan también el cielo nocturno, velando a nuestros ojos un ejercicio corriente de los antepasados cercanos y lejanos: el de mirar la noche estrellada. Quienes han tenido oportunidad de visitar el Desierto de Atacama, entrada la noche, sabrán que mirar las estrellas desde ahí, es una experiencia muy distinta a la que estamos acostumbrados desde las «brillantes» ciudades. Esta reflexión nos parece central para pensar nuestra cotidianidad: ¿algo hemos perdido en el camino?

Nuestra cultura, la cultura humana, se ha relacionado siempre con la observación del cielo nocturno. Hoy, nuevos sistemas planetarios se descubren casi semanalmente, los instrumentos para observar el espacio son cada vez más sofisticados; hoy podemos mirar el origen del Universo y darle «forma». Vivimos una época veloz y fascinante, en la que nos podemos deslumbrar con imágenes de nebulosas, supernovas y galaxias lejanas. La comprensión de «lo que nos rodea» cambia radicalmente y la Astronomía nos plantea nuevas interrogantes que desafían constantemente los límites de esa comprensión. Podemos mirar cada vez más lejos y el horizonte se hace cada día más amplio.

Ante este panorama, nos proponemos sumar puntos de vista. Aportar a la reflexión astronómica desde distintas ópticas, siendo la perspectiva científica una más dentro de muchas otras posibles. Porque nos interesa también la poesía, la música, el arte y el diseño, pero también la conversación, las risas, las torpezas, los cambios de opinión y las contradicciones, las cosas que se mueven y las que se quedan quietas; las grandes y pequeñas preguntas de la humanidad.

Este primer número de Galactic Magazine, es el número cero y aborda el tema del Nacimiento, el origen de las cosas y también el origen de este proyecto. Es el punto de partida de una conversación que esperamos se extienda en el tiempo, convoque muchas voces y muchas miradas.

Javier Quintana

Galactic Magazine
10

Un astrofotógrafo en Santiago de Chile

TEXTO Nicolás Rojas

FOTOGRAFÍA Esteban Arias

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Geert Vanhauwaert
Bajo el Cerezo en el patio de su casa/observatorio.

Ya oscureció en este lado del planeta y estamos en una tranquila calle de Ñuñoa, frente a una casa que –por fuera– no revela ninguna peculiaridad. Adentro está el ingeniero informático Geert Vanhauwaert, quien nos invita a mirar por la ventana que abrió en el entretecho para fotografiar el Universo. Conversamos sobre la pasión que ocupa sus noches.

En 2007 Geert Vanhauwaert logró capturar –con una cámara fotográfica digital y desde el techo de su casa– al cometa McNaught. Ésa fue su primera incursión en la astrofotografía. Pero su admiración por el Universo se remonta a los viajes de infancia a Bélgica. A los 11 años, su tío le recomendaba un kit de telescopio conformado por un tubo de cartón y un lente acromático con enfoque. «Los anillos de Saturno se veían perfectos», recuerda. Con el pasar de los años su padre trabajó como jefe del laboratorio técnico del observatorio La Silla. Ahí Geert llegó a hacer su primera práctica profesional.

Rodeado de árboles y edificios luminosos, Geert nos recibe con un telescopio montado en el patio, nuestra primera detención. Luego nos invita a conocer su telescopio Vixen de 10 pulgadas de diámetro. Sube una estrecha escalera, mueve el techo de corredera y enciende el aparato. Ya estamos dentro de su pequeño observatorio.

Si la noche presenta condiciones óptimas para observar, Geert demora 10 minutos en tener listo el equipamiento. Un telescopio nuevo como el que posee puede costar más de 3 mil dólares, más unos 8 mil dólares de montura. Nuestro anfitrión cuenta orgulloso que construyó un pilar de concreto que no está tocando el piso, al igual que en los grandes observatorios del planeta, para evitar el movimiento del telescopio. De pronto comienza a sonar un motor y el tubo se mueve. Tiene una cámara conectada a un computador que captura «mínimo 15 fotos por filtro. Después se promedian las imágenes, el ruido se va cancelando y la señal se va conservando».

VIXEN VMC260
Geert junto a uno de sus telescopios. Este equipo computarizado le permite tomar fotografías que superan la media hora de exposición.

El telescopio Vixen captura fotografías durante media hora por cada toma. Una imagen de las que expone en internet comprende, aproximadamente, ocho horas de trabajo del telescopio automatizado que corrige constantemente su posición, compensando los movimientos de la Tierra. Por estos días se dedica a fotografiar la Nebulosa del Águila (m16) en banda estrecha. Algunos de los objetos más lejanos que ha podido observar son las galaxias m83, la Centaurus A y la ngc-1365. Las imágenes que consigue se procesan digitalmente, «nada de Photoshop», dice sonriendo.

Luego de observar el cielo desde la ventana astronómica que ha construido en el techo de su hogar, nos invita a pasar al comedor de la casa que habita desde 1980. Colecciones de cucharas y autoadhesivos adornan la sala, además de un gran rompecabezas enmarcado. Nos acompañan su esposa Gabriela y sus gatos.

Cada mes, Geert lucha en el trabajo para que su turno de noche no coincida con la Luna Nueva. Sorteado ese obstáculo viaja junto a Gabriela y sus tres telescopios al Observatorio Astronómico Roan-Jasé del Cajón del Maipo. «Normalmente en una noche sacas entre uno a dos objetos; en Santiago hay que estar una semana para sacar un objeto más o menos decente». Añade que no hay temporadas mejores para fotografiar, aunque admite que «hay tiempos mejores para observar galaxias o nebulosas».

astrofotografías
Revisa algunas de las imágenes que Geert ha capturado.

Desde febrero de 2010 Geert expone sus capturas en Flickr. Conoce a casi 20 astrofotógrafos chilenos y forma parte de una creciente comunidad de foros sobre el tema en internet. Entre sus referentes está la foto astronómica del día de la nasa y el concurso del Fotógrafo del Año del Observatorio Real de Greenwich. Algunas revistas han publicado sus trabajos, pero advierte que «la fotografía del día de la nasa busca el momento preciso o lo novedoso», no ocultando su propósito de capturar uno algún día.

Cuando le preguntamos qué lo motiva a dirigir la mirada al cosmos, Geert piensa unos segundos y luego responde: «Que exista tanta maravilla. ¿De dónde salió todo esto?».